Seis horas conectados: ¿compañía o desconexión?

Redes sociales y vida cotidiana: una reflexión desde nuestra propia experiencia
En este taller exploramos cómo las redes sociales se han integrado profundamente en nuestra vida diaria, moldeando nuestras rutinas, formas de comunicarnos y hasta la manera en que percibimos el mundo que nos rodea. Como grupo —compuesto por Catalina Zamorano, Constanza Núñez y Borja Ugarte— identificamos que cada uno de nosotros utilizaba el teléfono en promedio alrededor de seis horas diarias, lo que nos permitió observar de forma directa el impacto que estas plataformas tienen en nuestra realidad cotidiana.
Reconocimos que gran parte del uso que hacemos del teléfono tiene un propósito lúdico y de distracción: pasar tiempo en redes sociales, ver videos, revisar fotos, escuchar música o simplemente desplazarnos por contenido sin un objetivo claro. También observamos que lo usamos para conectarnos con otras personas, mantenernos informados, organizar actividades y acceder a espacios de entretenimiento o relajación mental. Este uso es, en muchos sentidos, similar al de la mayoría de las personas de nuestra generación, que ven el teléfono como una extensión natural de su día a día.
Sin embargo, esta reflexión nos llevó a reconocer que, aunque las redes pueden acercarnos, también pueden alejarnos de nosotros mismos. La hiperconectividad puede generar dependencia, comparación constante, ansiedad e incluso una sensación de desconexión con la realidad presente. El desafío no está en abandonar estas plataformas, sino en aprender a relacionarnos con ellas de manera consciente, equilibrada y saludable.
Reflexión final
Como grupo, creemos que este taller fue valioso porque nos permitió mirarnos críticamente y reconocer hábitos que muchas veces pasamos por alto. Comprendimos que usar redes sociales no es negativo en sí mismo; lo problemático surge cuando su uso se vuelve automático y ocupa espacios que podrían llenarse de presencia, atención y experiencias reales. Pensamos que generar estos espacios de conversación es fructífero, pues nos ayuda a construir una relación más reflexiva con las tecnologías que usamos cada día, recordándonos que la conexión más importante sigue siendo la que establecemos con nosotros mismos y con quienes nos rodean en la vida concreta.