Dignidad y autonomía en Salud Mental: reflexiones éticas para la práctica clínica

En este taller nos propusimos reflexionar sobre cómo los conceptos de dignidad, salud mental y autonomía se entrelazan en la atención sanitaria, especialmente cuando trabajamos con personas cuyo estado mental puede estar afectado. Nuestro objetivo fue comprender cómo la toma de decisiones en estas situaciones no se limita a aplicar normas o protocolos, sino que exige una mirada ética sensible, capaz de reconocer a cada paciente como sujeto de derechos, con historia, valores y capacidades que deben ser escuchadas y respetadas. A partir de distintas reflexiones y ejemplos, buscamos identificar los límites entre un cuidado responsable y la posibilidad de caer en formas de paternalismo que, aunque bien intencionadas, pueden terminar vulnerando aquello que deseamos proteger: la dignidad de la persona.
Dignidad y salud mental
La dignidad humana es un valor intrínseco que no depende del estado cognitivo, emocional o funcional de una persona. Incluso cuando alguien atraviesa un trastorno mental o un deterioro significativo en su capacidad de razonar, su valor como individuo permanece intacto. Por ello, evaluar la capacidad para tomar decisiones no es negar dignidad, sino una forma de resguardarla, procurando que las decisiones médicas reflejen el bienestar y los deseos auténticos de la persona.
Autonomía en condiciones de vulnerabilidad
La autonomía supone la capacidad de comprender información, evaluar alternativas y expresar decisiones coherentes. En salud mental, esta autonomía puede verse afectada transitoriamente, pero no desaparece por completo. El desafío ético consiste en equilibrar el respeto a la decisión del paciente con la responsabilidad de proteger su integridad cuando su juicio está comprometido. La meta nunca es sustituir al paciente, sino acompañarlo y potenciar la autonomía residual que aún posee.
Evitar el paternalismo: participación activa del paciente
Preservar la dignidad implica incluir al paciente en la toma de decisiones, utilizando estrategias de comunicación adaptadas, escuchando sus valores y reconociendo sus preferencias. Esto evita prácticas paternalistas que convierten a la persona en un objeto pasivo de cuidado, desconociendo su rol como sujeto moral. La participación, incluso parcial, fortalece el respeto y permite construir decisiones verdaderamente éticas.
Ejemplos prácticos
Ejemplo 1:
Una paciente con depresión rechaza temporalmente un medicamento por miedo a efectos adversos. El equipo valida su temor, explica nuevamente la información y ofrece acompañamiento psicológico en lugar de imponer el fármaco. Aquí se reconoce su autonomía y se protege su salud mental sin vulnerar su dignidad.
Ejemplo 2:
Un paciente con esquizofrenia estabilizada desea vivir solo. El equipo evalúa su capacidad y adapta un plan de seguimiento ambulatorio con visitas periódicas. Se respeta su decisión y se le proporciona apoyo para mantener su estabilidad, evitando caer en restricciones innecesarias.
Preguntas que guiaron nuestro debate
¿Hasta qué punto proteger puede convertirse en vulnerar la autonomía?
El límite se cruza cuando dejamos de considerar los deseos y valores del paciente y suponemos incapacidad total.¿Puede existir autonomía real mientras persista estigma social hacia la enfermedad mental?
La autodeterminación solo es plena cuando existe un contexto libre de prejuicios y exclusión.
Reflexión final
Como grupo, creemos que este taller fue significativo porque nos permitió cuestionar nuestras propias prácticas y sesgos. Comprendimos que respetar la autonomía no significa dejar al paciente solo, así como proteger no significa decidir por él. Este equilibrio se construye desde la escucha, la empatía y el diálogo continuo. Reconocemos que promover la dignidad en salud mental es un proceso activo, que requiere no solo conocimientos clínicos, sino también una postura ética consciente, crítica y humana. Consideramos que generar estos espacios de reflexión es fructífero, pues nos ayuda a formar una práctica médica más respetuosa, inclusiva y centrada en la persona.